Horus desapareció como había llegado, sin que Pierina lo notara, y ella salió de su cueva para ver como caía la noche. Sintió el llamado de su lado salvaje, los brazos se le trasformaron en alas, sus piernas en patas con garras y ya como águila salió a vigilar desde los cielos.
En el castillo de Prisia , los recién llegados habían tenido un día sin respiros. Durante la cena, Ámbar comió con prisa para regresar con Merlinda y seguir aprendiendo más de ella y de la Orden de Ábula; exhausta, Victoria pidió disculpas por retirarse antes de terminar su plato, sólo Octavio tuvo ánimo de repetir y de quedarse conversando con el Rey, las hadas y los sirvientes. Él también quería conocer más sobre ese mundo nuevo, pero a diferencia de Ámbar,que conciente de su misión,debía adquirir conocimientos para vencer a Horus, Octavio quería saber para conocer más sobre la mujer a la que le había entregado su corazón.
En su cuarto, Victoria experimentaba el abatimiento que la noche causaba en las herederas del hechizo de la bruja del pantano, se sintió ahogada y salió al balcón para tomar aire. Vio una sombra que corría por el patio del castillo, desde la entrada principal hasta una torre que se elevaba frente a la construcción en el ala derecha, después una luz se encendió en la parte superior dejando iluminado la cima del castillo y sus cercanías. Victoria, sin avisar a nadie, bajó las escaleras con su espada en mano y salió al jardín corriendo hacia la torre. Se quedó a un costado de la puerta esperando ver salir a quien había entrado. Cuando pasó frente a ella, le quitó con su espada la capucha de la capa que la cubría y descubrió con asombro que se trataba de Ada.
-¿Qué haces viniendo a hurtadillas como un extraño hasta esta torre?
-No venía a hurtadillas. Es la noche la que me apresura- le respondió Ada con serenidad en su voz.
-No recordaba esta construcción dentro del castillo.
-No hace mucho que está. Yo misma la mandé a hacer después que nuestro ejército se perdió.
-Creía que todos los hombres habían muerto.

-Eso es lo que Pierina y Horus han querido que creamos, pero yo tengo la esperanza de que estén vivos. Creo que están atrapados en un terreno que les es desconocido y que algún día encontrarán el camino de regreso. Por eso he mandado encender esta luz cada noche para que ella los guíe.
-Oncle me contó del capitán. Lo siento.
-Yo siento más haber sido inmadura y haber creído que podía sola contra cualquier ejército. Yo fui la que lleve a nuestros hombres a la desgracia. Pero, querida hermana, vos más que nadie debe comprenderme, tu amas a Octavio y debes saber lo que le pasa, debes sentir aquí- y le señaló su corazón- cuando él está bien o mal.- Victoria asintió con la cabeza- Y es mi corazón el que me dice que David está vivo. Es su sangre la que al correr y pronunciar mi nombre la que me llama, la que todos los días me recuerda porqué debo vivir y seguir buscándolo.
Victoria guardo su espada y le tomó ambas manos a su hermana. La tibieza de su piel le recordó la de su propia madre. Pronto, esa tibieza fue despareciendo y sintió algo que se le clavaba en sus palmas. Miró las manos y asombrada buscó los ojos de Ada, ella le dijo: “Es la noche la que me apresura, la que toma prisionera”. Sus ropas quedaron en el suelo, y un gruñido felino escapó de su boca. Ada como puma se dirigió a la puerta del castillo, los soldados le abrieron y dejaron que se alejara hacia las colinas a recorrer los bosques.
Octavio había apagado todas las luces de su cuarto y se había metido en la cama cuando oyó la puerta, un movimiento de sábanas y los brazos de Victoria envolviéndolo. Ella había sentido el llamado de su corazón que había pronunciado su nombre.
-Octavio- le dijo con la suavidad más dulce que sólo hace posible el amor- gracias por salvarme y por venir conmigo.
El se dio vuelta y buscó el brillo de sus ojos.
-Tu me salvas todos los días de mi propia cotidianidad y yo nunca te lo agradezco.
Un beso los hizo uno, y sus cuerpos sólo siguieron el camino de sus bocas.
Victoria durmió segura abrazada por el hombre que la había hecho princesa aún antes de saber que lo era. Pero los gruñidos que rompían el silencio de la noche no le podían sacar de la cabeza la duda de por qué ella no se transformaba también en animal como su hermana, como lo marcaba el hecchizo que habia caído sobre su familia.