Octavio estaba algo molesto e intrigado. Todos parecían haber vivido de manera natural,lo que había pasado momentos antes delante de ellos, , pero él tenía demasiadas preguntas en su cabeza y sintió la necesidad extrema de dejarlas salir.
-¿Quién era esa mujer? ¿Qué buscaba? ¿Por qué tuvimos que escondernos? Yo vi mal... o se convirtió en águila y salió volando…
-Bueno, bueno… una pregunta a la vez… - lo interrumpió Arturo.-Esa mujer era Pierina, la reina de Humer y tía de Ada Y Victoria; y era a ellas a quienes buscaba.
-Y.. si es así, ¿Por qué escondernos…?
-Porque ella es quien asesinó a nuestra madre -le dijo Ada.

Victoria dejó caer en el fugo su comida. Se paró y caminó lejos del círculo. Había querido ser más fuerte, pero las palabras de su hermana dispararon directo a su corazón, y los recuerdos de su primera infancia la invadieron. Las lágrimas corrían por sus mejillas, y antes de que cayeran al suelo, Ada las tomó. Cerró su puño y cuando lo abrió Victoria pudo ver que se habían transformado en pequeños vidrios.
-Nuestro dolor acá tiene forma- le expresó- y como dice mi hada guardiana, algún día se lo devolveremos a quienes lo han provocado.
-Cuando recordé quién era…,y cómo había llegado al Hogar El Pastor, lo primero que sentí en mí fue el perfume de nuestra madre, su último abrazo, ese aroma a menta en sus cabellos. Sabía que si no había vuelto por mí era porque algo se lo impedía, pero en el fondo siempre guardé la esperanza de volver a verla.
-Nuestra madre fue asesinada la misma noche que nos dejó en el hogar, cuando regresaba a su castillo. Murió sin saber qué había pasado con nosotras.
-Y nuestro padre… ¿Vive aún?... ¿Por qué no volvió por mí… qué pasó contigo?
-Nuestra madre nos alejó del peligro que corríamos en nuestro mundo sin decirle a nadie a dónde nos llevaba. Se guió sólo por una vieja leyenda; nos protegió para proteger a su pueblo también. Nuestro padre nunca supo dónde empezar a buscarnos. Yo volví cuando el destino así lo quiso. Las hadas que saben todas las historias, porque han estado aquí desde los primeros oráculos, un día se me presentaron y me ayudaron a regresar. Y volví a ti en el momento que me fue indicado.
-¿Y qué tiene de distinto este día a cualquier otro anterior?
-La respuesta a esa pregunta está en vos.
Ada regresó cerca del fuego. Y Victoria se quedó sola mirando caer en el suelo sus lágrimas hechas vidrio. Caían separadas, y de repente empezaron a moverse, una suave brisa las empujaba, las arremolinaba y las agrupaba. Hacía dibujos sobre la tierra: la garra de un felino, el contorno de un águila, espadas y soldados que caían, una gran espada y un águila muerta. Una hoja de menta llegó hasta ella y borró las lágrimás. Se agachó para tomarla y olerla, pero junto a su mano, otra mano la tomó. Levantó su mirada para ver quién era, y la vio: allí estaba su madre, vestida cómo la última vez que la había visto y con la misma sonrisa que iluminaba su rostro. Ella soltó su mano, y la llevó hacia su espalda, de un saco extrajo una espada y se la entregó. Le hizo un ademán para que la moviera al tiempo que arrojaba un puñado de hojas al aire. Las hojas eran pequeñas, pero cuando Victoria movió la espada, con una habilidad desconocida, éstas cayeron a su lado echas cenizas. Cuando se volteó hacia donde estaba su madre, ésta había desparecido.
Octavio seguía con sus preguntas a Arturo cuando Victoria se les acercó y con un puñado de tierra apagó el fuego.
- Es hora de seguir hacia Prisia, tenemos que preparar a nuestro pueblo para la guerra.


