sábado, 21 de marzo de 2009

CAPITULO 5

Sólo cuando el sol comenzó a abrazarle la piel, Octavio intentó empujar sus párpados hacia arriba. Sentía que la luz le dañaba los ojos, y el olor de los pabilos quemados entraba por sus fosas nasales y le hacia picar la garganta. Su boca estaba pastosa, seca. El cuerpo le dolía por el ritual, pero apenas podía distinguir en su interior que lo vivido la noche anterior fue parte de su actual realidad, y no de uno de sus sueños. Palpó en su pecho el amuleto que le había colgado Ámbar, y a un costado halló el cuchillo que sería su empuñadura como Rey. Movió la cabeza para despabilarse y sacudirse los malos pensamientos que estaban a punto de invadirlo.
Un grito estremecedor terminó por darle el impulso de levantarse. Se vistió apresurado y antes de llegar a la puerta del departamento halló a Ámbar con Luna en brazos, ambos tenían una mirada felina y asustada.
-Creo que fue el señor Fernández el que gritó- le dijo Octavio.
-Fue él, pero no debemos ir.
“No ir”, jamás Octavio había oído a la hechicera pronunciar esas palabras, en los dos últimos años nunca habían dejado de ayudar a alguien, aunque la trampa fuera evidente, aunque quedara al descubierto su verdadera condición, aún cuando sus vidas estuvieran en juego. ¿Qué había de distinto esta vez? ¿Qué le estaba ocultando?, pensó él, pero no se dejó intimar por los ojos de Ámbar, abrió la puerta y corrió hacia el departamento de Fernández.
La puerta se abrió sin necesidad de usar la llave, a simple vista todo estaba en su lugar. Sacó su cuchillo y caminó despacio hacia el dormitorio del hombre. Las persianas estaban bajas, un frío le corrió por la nuca; no encendió las luces y se movió con sigilo en la penumbra. Llegó hasta la cama vacía, la tocó y pudo comprobar que aún conservaba el calor de un cuerpo que la había ocupado hasta hacia poco tiempo. Sintió que algo le rozaba su pantorrilla y era Luna. La gata se frotó en la cama, se metió debajo de ella y empezó a maullar con fuerza.
Las luces se encendieron detrás de Octavio al tiempo que la gata salía con un papel en la boca que dejó a su lado; este lo tomó, lo abrió y en el halló escrito: “Sólo una piedra entre dos agujas es capaz de detener el tiempo”. No le encontró un sentido, pero cuando se volteo y vio a la hechicera comprendió que estaba buscando en el lugar equivocado. Siguió su mirada hacia el techo. El señor Fernández estaba pegado al cieloraso en medio de una burbuja, en posición fetal, con el dedo pulgar de su mano derecha en la boca. Parecía estar en paz, como un bebe en el vientre de su madre, pero al observarlo con atención podía verse el agujero que la falta de sus ojos había dejado en su cabeza. Alrededor de la burbuja el asesino había escrito con sangre: “Dejen de buscar”.
La hechicera había cerrado la puerta al entrar al departamento y la gata con furia arañaba la puerta en señal de peligro. Octavio no podía reaccionar, se había jurado que nadie más inocente iba a volver a morir. Se subió a la cama e intentó bajar a Fernandez, pero Ámbar lo impulsó a que desistiera. “¡Debemos irnos ahora mismo!”, le gritó con ímpetu.
Un segundo después caminaban por el techo del edificio lindero y entraban a la habitación desocupada que el día anterior había atravesado Octavio, entonces recordó al hombre que lo observaba desde la vereda de enfrente y que le pareció haberlo visto unas cuadras antes detrás de él. “Creo que me siguieron, lo siento”, dijo. “No es tu culpa, no íbamos a pasar desapercibidos por mucho más tiempo”, le respondió la hechicera.
Atravesaron el largo pasillo, bajaron las escaleras cautos y cuando con prisa iban a abandonar el edificio, una trompada en su rostro lo obligó a Octavio a retroceder, cuando reaccionó sintió un puntazo en medio de su pecho, miró y tenía clavado en él un cuchillo, una mano aún lo sostenía y volvía a hundirlo más en él.
Ámbar intentó alejarlo con su magia, pero sentía que su energía chocaba contra una coraza, si bien su intención era arrojarlo lejos, el hombre se quedó inmutable sobre Octavio que no podía defenderse por el dolor. Entonces la hechicera avanzó dispuesta a pelear cuerpo a cuerpo como cualquier humano, pero el hombre sin tocarla la tiró al piso. Y salió corriendo, pero antes de llegar a la puerta retrocedió y cayó al suelo, una mujer se arrojó sobre él con un baston blanco. Lo dobló y de el medio de éste sacó una pequeña cuchilla con la que le cortó la nariz y enterró en medio de su frente abriendo un surco del que empezó a brotar agua.
Después lo dejó solo y el hombre huyó.
Se acercó a Ámbar y la ayudó a incorporarse, fue hacia Octavio le quitó el cuchillo de su pecho. Cuando la mujer acercó su rostro a él para comprobar que aún respiraba, este pudo ver sus ojos blancos por la ceguera.

8 comentarios:

Ana Ortiz dijo...

Un poquito largo... pero espero que los haya hecho pasar un buen momento.
En la semana me pondré al día con sus blogs.

besos

Cachibache dijo...

me pareció bastante corto!jaja me quedé con ganas de seguir leyendo!
un capitulo movidito..me deja con intrigas..
Hasta pronto Ana!

Cecy dijo...

Siempre nos haces pasar un buen momento.

Besos.

Saphira dijo...

Buenisimo!!! Extranaba tu historia, me alegra que estes de vuelta, mucha emoción y cuanto suspenso.
Gracias como siempre, besos

Nanny Ogg dijo...

¿Largo? Bueno, después de tanto tiempo sin capítulo no creo que nadie se queje :D

Besos

Aguabella dijo...

Bienvenida preciosa !!!

Que tal tus vacaciones geniales verdad?

Ya he visto que eres una mujer múlti-usos jajaja lo arreglas todo y encima eres una gran escritora...envidia te tengo Ana.

Pues ya estoy con la historia y ahora a esperar el siguiente capítulo.

Un beso reina

Libélula dijo...

Uhhhhh ¡Cómo volvimos! Guauuuu

Y muy corto por cierto...

Ana, por favor, no te ausentes tanto porque con estos capítulos me muero de intriga!!

Besos enormes, siempre estás conmigo! Libélula.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Siento no comentar, el trabajo no me deja tiempo, pero te recuerdo mucho.
La semana que viene tendré unos días libres y espero ponerme al día.
Besic os muchos guapa.