Brenda recogió el celular del suelo; por suerte, no se había roto, buscó el último mensaje y lo leyó. Inmediatamente abrazó a Paula, y ésta rompió en llanto. Estuvieron un rato abrazadas, entonces Brenda dijo “vayámosnos de acá” y levantó la mano para parar un taxi. Brenda le indicó al chofer la dirección de Paula, pero ella la interrumpió y pidió ir a la casa de sus padres. Cuando llegaron recién salía su madre. Laura quedó en llamarlas para contarles sobre el parte médico de Roberto y las despidió.Ni bien entraron, Paula fue derecho a su viejo cuarto en la planta superior; todo estaba igual a cómo lo había dejado. El aroma de los jazmines frescos lo volvía aún más familiar. Amaba los jazmines. Amaba caminar por el jardín de esa casa que la había visto crecer y oler su aroma, respirarlo profundamente, llenarse de su frescura. Amaba esos jazmines porque los había plantado junto a su madre, una de las pocas cosas que habían hecho solo ellas dos juntas. Cuando la vio horas antes en el hospital sintió por ella un poco de rechazo, como miedo. Ella nunca la abrazaba o le decía una palabra de cariño, por eso cuando se llenaba del perfume de los jazmines era como recibir miles de sus abrazos. Pero hace un rato, cuando la vio salir de la casa hubiera querido decirle que no se fuera, que la necesitaba, que hace tiempo le estaban pasando cosas que no entendía y que quería que la ayudara. Paula se recostó en la cama junto al peluche con el que dormía de niña, cerró los ojos y se durmió.Brenda, en la cocina, se preparó una taza de café y la tomó lentamente mientras fumaba un cigarrillo. Golpeaba con los dedos de una de sus manos la mesa, intranquila, con la mirada perdida, como buscando la respuesta a una pregunta que ella misma no sabía formular bien.Después comenzó a recorrer la casa, hacia tiempo que no estaba en ella. La verdad, era que había algo allí que siempre la había atemorizado. Se había quedado a dormir muchas veces, y siempre se despertaba por las noches y tenía que ir hacia la cocina a buscar algo para tomar, de chica chocolate caliente, de grande café negro. Algunas de esas noches lo había encontrado al padre de Paula en su estudio, y él se ofrecía a acompañarla. Solían tener largas charlas, y sólo en esos momentos lograbas sentir esa casa como un hogar que la recibía en él.Brenda subió las escaleras y se dirigió el cuarto de Paula. La vio dormida, tomó una manta de una silla y la tapó. Le acarició suavemente el pelo, y el rostro, se agachó y le rozó a penas con sus labios la boca.Sin hacer ruido camino hacia la puerta, la entrecerró. Una vez en el pasillo llamó por celular. Cuando atendieron del otro lado, se oyó la voz de Jorge Ramírez.
..........................
Mariano oyó voces en la habitación contigua. No pudo distinguir qué decían. Se dio cuenta que había anochecido porque los sonidos de la calle habían aminorado. De pronto se abrió una puerta y oyó pasos acercándose. “Quién sos, quién sos, por favor, decirme algo, me estoy volviendo loco”, gritó Mariano. Una voz masculina le dijo. “quédate quieto si quedes vivir”, “no nos hagas las cosas más difíciles”. “Te voy a soltar una mano, a la derecha tuyo vas a tener una plato con comida, no hagas nada raro”.Antes de que Mariano usara su mano libre para sacarse el pañuelo de los ojos, el hombre había salido de la habitación.
martes, 25 de septiembre de 2007
sábado, 22 de septiembre de 2007
PLANES CRUZADOS CAPITULO 9
Paula se apresuró a ver el msj.
“ Pau q te pasó ayer q no viniste? Tas bien? El celu me anda mal. Dps te llamo”
Ni bien terminó de leerlo, dejó caer el celular de su mano ante la mirada perpleja de Brenda.
…………….
Antes de salir de su casa, la mamá de Paula revisó las cosas que iba a llevarle a su marido. Quería comprobar que no le faltara nada, era muy perfeccionista y obsesiva, no le gustaba que algo estuviera fuera de lugar. Cada cosa la llevaba en una bolsa, cada bolsa tenía una etiqueta con el nombre de su marido para que no se las extraviaran.Estaba nerviosa, pero después de salir no había vuelto a llorar, se sentía fuerte.“Ya tendría que irme, pero me gustaría bañarme antes, necesito cambiarme”. Iba hacia al baño cuando recordó que debía avisarle al socio de Roberto de lo que le había pasado. Entonces lo llamó. Primero lo hizo a su casa y como nadie atendió, intentó al celular. Lo dejó sonar varias veces cortó e insistió otra vez. La voz juvenil que respondió no le resultó familiar así que solo atinó a pedir por el señor Jorge Ramírez, tardó en hablarle y cuando la saludó lo hizo con la voz amable y seductora de siempre.En persona, esa seducción se trasladaba a su mirada y a sus gestos, era excesivamente gentil y eso le hacia desconfiar, había algo en él que no le cerraba. Por supuesto, al enterarse de lo de Roberto se ofreció a ayudarla en todo lo que necesitara, y prometió pasar esa noche por el hospital, porque en esos momentos no podía, estaba en una reunión familiar, y al decir esto último se rió con una risa contagiosa, Laura también se rió, no sabía porqué, pero la situación era tan poco creíble para los dos que se había puesto nerviosa.Colgó y se fue a bañar. Se quedó un tiempo largo debajo del agua. Dejaba que cayera por su nuca lentamente para aflojarse, para relajarse. Después se envolvió en una toalla y fue hacia su cuarto; allí frente al espejo se quedó desnuda. Hacia tiempo que no estaba sola en su casa, y lejos de parecerle enorme como otras veces, las sentía acogedora, con una intimidad sumamente agradable.Era como volver a descubrirse, se animo a tocarse los pechos, sus mulos. No podía dejar de mirarse, había en su piel una nueva belleza, como si hubiera probado un placer nuevo.
“ Pau q te pasó ayer q no viniste? Tas bien? El celu me anda mal. Dps te llamo”
Ni bien terminó de leerlo, dejó caer el celular de su mano ante la mirada perpleja de Brenda.
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Antes de salir de su casa, la mamá de Paula revisó las cosas que iba a llevarle a su marido. Quería comprobar que no le faltara nada, era muy perfeccionista y obsesiva, no le gustaba que algo estuviera fuera de lugar. Cada cosa la llevaba en una bolsa, cada bolsa tenía una etiqueta con el nombre de su marido para que no se las extraviaran.Estaba nerviosa, pero después de salir no había vuelto a llorar, se sentía fuerte.“Ya tendría que irme, pero me gustaría bañarme antes, necesito cambiarme”. Iba hacia al baño cuando recordó que debía avisarle al socio de Roberto de lo que le había pasado. Entonces lo llamó. Primero lo hizo a su casa y como nadie atendió, intentó al celular. Lo dejó sonar varias veces cortó e insistió otra vez. La voz juvenil que respondió no le resultó familiar así que solo atinó a pedir por el señor Jorge Ramírez, tardó en hablarle y cuando la saludó lo hizo con la voz amable y seductora de siempre.En persona, esa seducción se trasladaba a su mirada y a sus gestos, era excesivamente gentil y eso le hacia desconfiar, había algo en él que no le cerraba. Por supuesto, al enterarse de lo de Roberto se ofreció a ayudarla en todo lo que necesitara, y prometió pasar esa noche por el hospital, porque en esos momentos no podía, estaba en una reunión familiar, y al decir esto último se rió con una risa contagiosa, Laura también se rió, no sabía porqué, pero la situación era tan poco creíble para los dos que se había puesto nerviosa.Colgó y se fue a bañar. Se quedó un tiempo largo debajo del agua. Dejaba que cayera por su nuca lentamente para aflojarse, para relajarse. Después se envolvió en una toalla y fue hacia su cuarto; allí frente al espejo se quedó desnuda. Hacia tiempo que no estaba sola en su casa, y lejos de parecerle enorme como otras veces, las sentía acogedora, con una intimidad sumamente agradable.Era como volver a descubrirse, se animo a tocarse los pechos, sus mulos. No podía dejar de mirarse, había en su piel una nueva belleza, como si hubiera probado un placer nuevo.
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