martes, 17 de junio de 2008

VEINTIOCHO

Horus estaba soñando con nuevos conjuros cuando sintió un golpe en su espalda que lo lanzó fuera de la cama donde reposaba.
-Pero… ¿Qué pasa?- masculló mientras intentaba incorporarse. Pero Pierina se lo impidió,subió sobre él, puso uno de sus pies en forma de pata de águila sobre su pierna y otra sobre su vientre, y lo abofeteó con una de sus alas.
-¡Me dijiste que estaba muerta…! ¡Que Prisia ya no resurgiría…! ¡Que lejos de su familia Galo aceptaría gobernar conmigo…!, y todo ha sido una mentira para darte más y más poder sobre mi reino.
-¿De qué estás hablando mi Reina?
-Las hijas de mi hermana ya están en camino a Prisia.
-Eso es imposible… - le dijo Horus.
-Eso es lo que tu creías…- Pierina volvió a abofetearlo y acercó su rostro al de él.-Eres una falsa… mataste a Brisa, pero hoy su hija está con ellas y es más poderosa que tu seguramente…
-Lamento que eso pienses…- le expresó.
A Horus se le inyectaron los ojos de sangre. Tomó con una de sus manos el cuello de Pirina y lo apretó. Ella para defenderse clavó sus uñas en el cuerpo del hechicero, pero su piel era dura como piedra y no pudo traspasarlo. Agitó las alas, pero él pronunció unas palabras y las plumas se volvieron suaves y apenas lo rosaron. Sin soltarla, Horus se paró y en el aire llevó a Pirina hacia la pared. Acercó su rostro a su cara, y su boca a sus labios. Le lambió su comisura y le dijo:
-Yo te hice Pierina… Eras una reina débil, y un animal hambriento y torpe. Y fui yo quién te di el poder de manejar tu maleficio a tu antojo. Te di la fuerza para conducir a tus ejércitos y conquistar nuevas tierras. Y es por eso que hoy en todo el Norte de Catar flamea la bandera de Humer, y el símbolo del águila. Pero yo soy más poderoso que la bruja de los pantanos que hechizó a tu familia. ¡Más fuerte que la Orden de Ábula!
Mientras Horus decía esto, un viento rojo entró en la habitación, los muebles comenzaron a moverse; todo se cubrió de llamas.
-Que siga tus órdenes, no quiere decir que esté bajo tus alas. Vos creíste que me había apiadado de vos el día que te hallé con el corazón destrozado en el pantano. Ese día al verte, supe que tu dolor y tu sed de venganza sería el arma que necesitaba para ganar más y más tierras. Bajo tu nombre estoy armando mi propio reino.
Las llamas habían llegado hasta ellos y en el rostro de Pierina se reflejaba el dolor que sentía al quemarse su cuerpo.
-Yo soy quien decido sobre tu vida, si mueres- y el fuego dejó ver sus huesos- o si vives- y las llamas se fueron alejando, consumiendo, y las cenizas desaparecieron dejando en su lugar cada mueble, cada decorado, cada tela. Pierina sintió alejarse el dolor.
Horus la soltó, se alejó de ella dándole la espalda, y antes de salir de la habitación, sin volverse, le dijo:
-No te asustes querida, es tu interior el que me ha alimentado todos estos años. Parte de mi fuerza te la debo a vos. Debajo de tu belleza se esconde esta maldad, así que todavía no puedo matarte, te necesito para cumplir con mis propósitos.
Pierina había visto su propio interior magnificado, consumiéndola; y tuvo miedo de sí misma. Corrió hacia su cómoda y buscó un espejo de mano para ver su rostro. Su piel estaba más bella que nunca, su pelo sedoso, y sus ojos brillaban. Acercó el espejo y trató de ver a través de sus pupilas. Pero el brillo no era más que el reflejo de las llamas ardiendo.

martes, 10 de junio de 2008

VEINTISIETE

Después de que Pierina se alejara del bosque, los nuevos visitantes permanecieron en silencio alrededor de una pequeña fogata. Sólo se oía el eco del crepitar de los troncos en el fuego. Tina le curó con sus polvos mágicos el brazo a Victoria, mientras un duende llegaba hasta ellos con una bolsa repleta de batatas. Otra hada juntó pequeños troncos y colocó el alimento en una de sus puntas y los repartió para que cada uno lo asara a su gusto.
Octavio estaba algo molesto e intrigado. Todos parecían haber vivido de manera natural,lo que había pasado momentos antes delante de ellos, , pero él tenía demasiadas preguntas en su cabeza y sintió la necesidad extrema de dejarlas salir.
-¿Quién era esa mujer? ¿Qué buscaba? ¿Por qué tuvimos que escondernos? Yo vi mal... o se convirtió en águila y salió volando…
-Bueno, bueno… una pregunta a la vez… - lo interrumpió Arturo.-Esa mujer era Pierina, la reina de Humer y tía de Ada Y Victoria; y era a ellas a quienes buscaba.
-Y.. si es así, ¿Por qué escondernos…?
-Porque ella es quien asesinó a nuestra madre -le dijo Ada.
Victoria dejó caer en el fugo su comida. Se paró y caminó lejos del círculo. Había querido ser más fuerte, pero las palabras de su hermana dispararon directo a su corazón, y los recuerdos de su primera infancia la invadieron. Las lágrimas corrían por sus mejillas, y antes de que cayeran al suelo, Ada las tomó. Cerró su puño y cuando lo abrió Victoria pudo ver que se habían transformado en pequeños vidrios.
-Nuestro dolor acá tiene forma- le expresó- y como dice mi hada guardiana, algún día se lo devolveremos a quienes lo han provocado.
-Cuando recordé quién era…,y cómo había llegado al Hogar El Pastor, lo primero que sentí en mí fue el perfume de nuestra madre, su último abrazo, ese aroma a menta en sus cabellos. Sabía que si no había vuelto por mí era porque algo se lo impedía, pero en el fondo siempre guardé la esperanza de volver a verla.
-Nuestra madre fue asesinada la misma noche que nos dejó en el hogar, cuando regresaba a su castillo. Murió sin saber qué había pasado con nosotras.
-Y nuestro padre… ¿Vive aún?... ¿Por qué no volvió por mí… qué pasó contigo?
-Nuestra madre nos alejó del peligro que corríamos en nuestro mundo sin decirle a nadie a dónde nos llevaba. Se guió sólo por una vieja leyenda; nos protegió para proteger a su pueblo también. Nuestro padre nunca supo dónde empezar a buscarnos. Yo volví cuando el destino así lo quiso. Las hadas que saben todas las historias, porque han estado aquí desde los primeros oráculos, un día se me presentaron y me ayudaron a regresar. Y volví a ti en el momento que me fue indicado.
-¿Y qué tiene de distinto este día a cualquier otro anterior?
-La respuesta a esa pregunta está en vos.
Ada regresó cerca del fuego. Y Victoria se quedó sola mirando caer en el suelo sus lágrimas hechas vidrio. Caían separadas, y de repente empezaron a moverse, una suave brisa las empujaba, las arremolinaba y las agrupaba. Hacía dibujos sobre la tierra: la garra de un felino, el contorno de un águila, espadas y soldados que caían, una gran espada y un águila muerta. Una hoja de menta llegó hasta ella y borró las lágrimás. Se agachó para tomarla y olerla, pero junto a su mano, otra mano la tomó. Levantó su mirada para ver quién era, y la vio: allí estaba su madre, vestida cómo la última vez que la había visto y con la misma sonrisa que iluminaba su rostro. Ella soltó su mano, y la llevó hacia su espalda, de un saco extrajo una espada y se la entregó. Le hizo un ademán para que la moviera al tiempo que arrojaba un puñado de hojas al aire. Las hojas eran pequeñas, pero cuando Victoria movió la espada, con una habilidad desconocida, éstas cayeron a su lado echas cenizas. Cuando se volteó hacia donde estaba su madre, ésta había desparecido.
Octavio seguía con sus preguntas a Arturo cuando Victoria se les acercó y con un puñado de tierra apagó el fuego.
- Es hora de seguir hacia Prisia, tenemos que preparar a nuestro pueblo para la guerra.