Octavio dejó el hogar con su corazón confundido y su cabeza en llamas. Había ido a buscar una información que en cierta forma sospechaba, pero había recibido una más dura, más incomprensible, como una piña después de haber tirado la toalla. Cruzaba noqueado la calle hacia su auto cuando oyó la vibración de su celular. Un mensaje de texto de su compañía móvil le indicaba que tenía dos llamadas perdidas y un mensaje de voz. Lo escuchó. Miriam Salinas le pedía que fuera a la redacción urgente y le indicaba que Victoria estaba en su casa, pero que se había quedado a descansar y le había pedido que le dijera que no fuera por ella. Octavio, en ese momento no tenía ganas ni de ver a Victoria, ni de ir a la redacción a trabajar. Todavía faltaba una posta a su recorrido: la casa de Ámbar. Sentía que ya nada de lo que pudiera hallar allí iba a sorprenderlo, estaba abierto a todo.
Sólo cuando encendió su auto y tuvo que prender las luces se dio cuenta que estaba muy oscuro, como si hubiera anochecido. “Con estas nubes, hoy no se va a poder ver el Eclipse”, pensó.
Lo que él ignoraba era que tras las nubes ya era de noche. Las estrellas brillaban y la tierra ha

La magia de Ámbar para detener el tiempo había sido inútil frente al poder de Horus.
Ada estaba acurrucada en el piso de su habitación y Ámbar la abrazaba con su cuerpo, sin poder contener sus lágrimas que se transformaban en pequeños vidrios al llegar al suelo. Veía como su piel había empezado a secarse, la oscuridad había llegado a su corazón.
La puerta de la habitación se abrió de repente y la joven criada de la casa entró de prisa. Con dulzura apartó a Ámbar de Ada, recogió en una bolsa de cuero las lágrimas y dijo: “Algún día todo este dolor volverá a quienes lo provocaron”. Puso boca arriba a Ada y le tocó con sus manos el corazón. Un destello de luz salió de su cuerpo y la negrura del cuarto retrocedió.
Ada pareció revivir.
La ropa de doméstica que lucía la joven se desintegró y el cuerpo de un ser alado quedó visible.
-Ada, mi pequeña, tu hermana no ha muerto, pero debes apurarte a rescatarla porque la hora de volver a Prisia está próxima.
Tina, el hada protectora de la princesa, se acercó a Ámbar y le aconsejó:
-No uses nunca más con tibieza tus poderes, porque si tú dudas de ellos hay quienes pueden usarlo en contra de nuestro pueblo. Confía en vos misma, en tu capacidad de ver lo que otros no pueden.
Mientras le hablaba un gruñido la hizo desviar la mirada, Ada había cambiado de forma.
-Vamos- le dijo Tina a Ámbar al tiempo que se subía al lomo del puma- Toma mi mano, creé en mí, y usa tu magia, que yo las guiaré.