lunes, 6 de agosto de 2007

PLANES CRUZADOS CAPITULO 5

Sintió el impulso de abrazarla, pero una voz en su interior le gritó: " no te quedes, no te quedes". Se detuvo un momento, luego se acercó, a penas le tocó con sus dedos el cabello, y se sentó a su lado. Su madre levantó la cabeza, se ergio en la silla y al verla exclamó:
- ¡Paula, qué suerte que ya estás acá!, me sentía tan sola, no sé si podré soportar todo ésto.
-¿Cómo está papá?
-Está estable, los médicos me dijeron que hay que esperar para ver cómo evoluciona. Lo trajeron inconsciente y todavía no despertó.
- Pero... qué le pasó...
- No saben bien qué paso exactamente. No podemos saberlo hasta que despierte. La policía me dijo que una mujer los llamó porque había un auto en la puerta de su casa con un hombre recostado sobre el volante. Cuando llegaron, le golpearon la ventanilla, como no respondió abrieron la puerta, estaba abierta... me dijeron, y entonces,... cuando lo tocaron vieron sangre en su espalda... La herida era de cuchillo... creen que lo quisieron robar... no sé... es todo tan raro...
Su madre siguió hablándole, a ratos paraba para secarse las lágrimas que le caían por su rostro. Paula quiso sostener la conversación, pero no pudo. La imagen de esa mujer tan bella, aún sin maquillaje, aún con esa profunda tristeza invadiendo sus ojos, se le mezclaba con flashes de la noche anterior. Vuelve a ver a su amado venir hacia ella, a sentir su beso en la mejilla, su abrazo tierno, y su voz murmurando en su oído "estás hermosa". Después, el ruido de dos copas brindando, su risa, sus blancos dientes iluminados por la luna. Su mano rozando su espalda... su perfume invadiendo su piel... "qué hice, que hice", repetía para sí.
Paula!- le gritó tu madre-¿ me estás escuchando?
-Sí, si mamá, perdón. Entonces.. papá está bien. No tenés por qué estar ya tan angustiada.
- Cómo que no, tu papá está estable porque el arma no le rozó ningún órgano, sino no sé qué le hubiera pasado. Y yo sin tu padre me muero... me muero.
Sí, lo sabía, para su madre, la persona más importante de este mundo era su padre Roberto. Y en el fondo, sentía que su madre competía con ella en una guerra secreta y sin sentido por su amor desde que ella empezó a caminar, a hablar y a llamar más la atención y a ocupar el tiempo de su padre. Por eso, había decidido irse de su casa ni bien consiguió un trabajo, y su relación tensa había entrado en una etapa de madurez y tregua afectiva.
Una enfermera las interrumpió para indicarles que podían pasar a ver a su padre.
Su madre decidió ver al médico primero, así que Paula se adelantó.
Cuando entró en la habitación las piernas se le aflojaron. Hacía tiempo que no lo veía. Ese hombre tan grande y fuerte, ahí en la cama, conectado a máquinas que monitorizaban su corazón y su respiración, parecía tan vulnerable...
Se acercó y le tomó la mano. Deseaba volver a verse en sus ojos celestes. Cuando era chica jugaban con él a mirarse sin pestañar. Ella le decía: "papá, quiero ver el cielo, dejame ver el cielo", y él le decía: " dejame ver el paraíso en el negro profundo de tus ojos". Y así se quedaban frente a frente, hasta que ya no aguantaban la risa, o eran interrumpidos por algún pedido de su madre a su padre.
Paula se inclinó sobre el cuerpo de Roberto y al oído le dijo: " no me dejes".
En ese momento, la puerta se abrió, y entró su madre junto con el médico, Paula sintió la mano de su padre apretando la suya, miró su cara, y vio que había abierto los ojos y la miraba fijo. Un frío le corrió por todo el cuerpo, en sus ojos ya no se reflejaba el cielo si no el horror del infierno.



En otro lado de la ciudad, en una habitación con los ladrillos a la vista, una lamparita de luz amarillenta iluminaba el rostro de un hombre que yacía en un viejo catre. Tenía los ojos vendados y el rostro con signos de haber sido golpeado.
El ruido de la sirena del tren lo sacó de su letargo. Sentía la boca con un sabor amargo y un dolor de cabeza que le perforaba la sien. Mariano quiso mover su mano para sacarse lo que le impedía ver, pero comprobó que estaba agarrada al barrote de la cama con una esposa. Empezó a agitar la cama, pero le fue imposible liberarse.
Un grito ensordecedor se oyó en medio del humilde barrio: -¡¡Paula!!!

2 comentarios:

Roxana dijo...

Lo leí anoche, esta muy interesante!!! ahora hay q ver como lo sigo, pero como estoy con menos tiempo, los post no van a ser tan seguidos, igual damos tiempo a las visitas...
Baccio Kat

Sumergida dijo...

"en sus ojos ya no se reflejaba el cielo sino el horror del infierno"
Precioso

Te devuelvo la visita que hicistes en mi blog, y veo que el tuyo tiene una historia muy fuerte... no solamente bien escrita, sino con un muy buen argumento.
Seguire leyéndote
ojala pueda yo tambien escribir una histoira de la misma calidad ...