lunes, 26 de noviembre de 2007

PLANES CRUZADOS CAPITULO 35

En el hospital, una enfermera ingresa al cuarto de Roberto para cambiarle el suero e inyectar su medicación.
Mientras estaba haciéndolo, ve cómo el paciente comienza a abrir los ojos. Llama al medico de inmediato. El doctor le examina las pupilas y comprueba su mejoría. Roberto intenta decir algo.
-No se esfuerce señor Vallejos, necesita recuperar fuerzas. Esta mañana está mucho mejor, es una buena señal que haya recobrado el conocimiento.
-¿Mi… esposa?
-Enseguida la llamaremos, aunque debe de estar por venir. Usted descanse.

Los profesionales salieron de la habitación, el médico le indicó a la enfermera que trate de comunicarse con la señora Vallejos para que supiera de la reacción de su esposo. La enfermera le menciona que la detective Peralta había dado la orden de que le avisaran ni bien el paciente se despertara.
- Por ahora no demos el aviso. Antes de que le tomen declaración quiero que se recupere bien, porque puede tener una recaída.
- Como usted diga doctor.
- No se preocupe, yo me hago cargo de esta decisión. Avíseme cualquier otro cambio.

Roberto hacia fuerza para mantener los ojos abiertos. Intentó girar la cabeza, pudo hacerlo despacio, se detenía para mirar cada cosa en su habitación. Frente a su cama había una mesa con un florero con algunas margaritas. Reconoció en el color violáceo de las mismas, las del color que hay en el jardín de su casa. Sintió una emoción profunda en su corazón, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No podía mover con facilidad sus brazos. No pudo limpiarlas antes de que llegaran a su boca y sintiera la sal.
Quería recordar las horas del sábado a la noche. El rostro de Paula, de esposa y de Brenda se mezclaba entre sus recuerdos. Veía a Julio Thomson hablando sobre un complejo hotelero en la costa uruguaya, a dos mujeres tomando algo en una mesa cercana. Una de ellas, de cabellos rubios, se les acercó y Julio Thomson se alejó con ella a un costado del bar. Recuerda también sus palabras de despedida, y pudo ver el momento en que él sale del bar abrazado a la mujer. Era común que sus clientes al ir a ese bar se fueran acompañados cuando venían solos. Ël en cambio prefería quedarse un rato en solitario, bebiendo algo lentamente. Pero esa noche, había algo en esa mujer, que también había quedado sola y ahora estaba apoyada en la barra, que lo atraía. Le hizo una indicación al mozo, escribió algo en un papel y se lo dio. El mozo un rato después le acercó a esa mujer una botella de zampan con la nota de Roberto.
Se levanto y se acercó hacia ella. A medida que caminaba la sonrisa de su cara iba desapareciendo

Los efectos de los calmantes comenzaron a hacerle efecto y pronto volvió a quedarse dormido. En su rostro se reflejaba el dolor de haber recordado quien fue su atacante.

1 comentario:

La pipetuana dijo...

EHEHEHHE he vuelto!!! gracias por las historias... no pude leer todas las partecitas que me faltan, pero siempre se pone buena...

Sldos!